El Tiempo Neto

Cuando hablamos de salarios no tenemos dudas de que una cosa es el bruto y otra el neto, lo que nos queda tras los impuestos y demás descuentos. Con el tiempo disponible de un Trabadiante sucede igual: es diferente el tiempo libre bruto del que realmente nos queda al final del día para poder dedicarnos a nuestras tareas estudiantiles. ¿Por qué es importante esta distinción?

Lo es para no llevarse disgustos. Y, una vez más, como nos pasa con el salario, nuestras circunstancias personales determinarán la cuantía de los “impuestos temporales” que debamos abonar y por tanto el líquido de horas y minutos con el que contemos al final.

Hace unos días nos decía un amigo que realmente solo tenía dos horas al día disponibles para estudiar. En el grupo, al escuchar esto, se levantó un pequeño murmullo contrariado y alguien le replicó que eso no era posible porque desde las seis, hora a la que salía de la oficina, hasta acostarse, obviamente transcurrían muchas más horas. Y era cierto, todo ese lapso desde la salida del trabajo hasta acostarse era su Tiempo Bruto. Pero, como bien nos explicaba, a ese tiempo bruto tenía que descontarle algunos conceptos: el trayecto de vuelta, el realizar las tareas domésticas imprescindibles, el ducharse y descansar un poco antes de ponerse a estudiar, así que al final solo tenía unas dos horas (siendo generoso). Y exactamente ése era el tiempo neto con el que hacía sus cálculos a la hora de enfrentarse a sus estudios como Trabadiante.

En este caso, la conversación giraba sobre la idoneidad de preparar unas oposiciones. En mente tenía preparar unas oposiciones del grupo A (en España son las que tienen un temario más extenso y requieren por sistema mucho más tiempo de preparación) pero nos explicaba que con su tiempo neto disponible no se veía capaz de afrontarlas y estaba planteándose buscar otras opciones menos exigentes.

Algunos le animaban a proseguir en su empeño de seguir con las oposiciones más duras y que más tiempo consumen, avalados por la cantidad de horas brutas que parecía poder invertir y la recompensa final en caso de lograr aprobarlas y obtener una plaza. Pero al final mi amigo lo tenía claro: muchas de sus actividades no se podían eliminar, ni reducir: el tiempo que tarda en volver del trabajo es el que es y no hay forma de minimizarlo, y “hay que ser realista” finalizó con una sonrisa.

En mi opinión tiene toda la razón y hacer estas “cuentas” es muy necesario para no llevarse un disgusto cuando comprobemos que el salario de horas que el día nos proporciona no cuadra con la inversión que necesitamos para nuestro proyecto; no darse cuenta de este hecho puede hacer que nos sintamos tan frustrado que abandonemos nuestra doble vida de estudiantes adultos y trabajadores.

 

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